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Línea temporal: Tyranos.

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Línea temporal: Tyranos.

Mensaje por Bea el Lun Ene 04, 2016 9:06 pm


Tyranos



El hombre camina, de un lado a otro, se queja, cae y llora. Se levanta para volver a andar, sin camino definido, sin saber por donde va. Las verdades revelándose en su cabeza, nuevos hilos naciendo de otros ya conocidos. Los viajes en el tiempo, las líneas temporales mezclándose, uniéndose, luchando por una misma causa. Sobrevivir. Y eso, eso Zagreus lo sabe, lo ha visto. Ha conocido la destrucción de los futuros, el dolor de los supervivientes por sus caídos.

Y solo se encuentra con destrucción, la más barbárica y despreciable destrucción.
Caos y tiranía.
Sin importar el bando vencedor, en ambos futuros que se le presentan, solo existe la guerra.

Y no puede quedarse con eso en su interior, no puede solo llorar por las muertes venideras ni por la inocencia perdida. No, debe hacer algo, debe avisarles del peligro que se les presenta. Por eso se planta en plena pradera, entre todos aquellos que se le alejan, que no le creen y lo desprecian. Ahí, en pleno día, comienza a contar. Aquel desafortunado futuro, aquella existencia que nadie ―nunca― debería vivir.



"Oh, tiranía. Tiranía, tiranía, tiranía. Tan destructiva y corrupta, tan inhumana y manipuladora. Solo has llevado dolor a tu gente, solo has controlado la vida de inocentes. ¿Qué ha hecho la humanidad para conseguir aquello? ¿Qué otro castigo ha de recibir solo por el mero hecho de existir? No, no, no me mientas, Tiranía, esto es lo que tu querías, esto es lo que realmente necesitabas. Un alma corroída, una mente tambaleante, un hombre derrumbado por el dolor de la pérdida misma. Esto, Tiranía, es lo que siempre has deseado. La corrupción de la gente, la manipulación de las masas, la caída de nuestra humanidad.

No. No te escucho, voz, no te escucho. No quiero oírte, no quiero saber más. Por favor, voz, calla ya.

Ya con solo saber que todo comenzó con las Sombras es más que suficiente. ¡¡No, no!! Porque no puedo creer que todo sea culpa del mismísimo Creador, porque su muerte era necesaria para acabar con esa guerra contranatura. ¿Qué? ¿Qué dices? ¿Cómo aquello es posible? Dime, ¡¡dime!!, ¿el equilibrio unido en contra de la oscuridad? ¿Los líderes combatiendo contra el Creador?

Oh, Tiranía. La muerte de Alistair fue lo que gatilló todo, ¿no? Las pocas fuerzas que le quedaban en marcar un destino con fuego, aunque eso signifique romper los lazos con sus seguidores, dejarlos a la deriva como siempre han estado. Demostrando su nivel de rencor hacia su propia sangre, lo poco que le importaban los hombres que luchaban por su causa. Oh, Tiranía. No puedo creer cómo aquel hombre que decidiste que fuera el amo de todo aquello se convirtió en el mayor tirano conocido.

¿Qué, cómo? ¿Acaso eso es posible? ¡Silencio, voz! No quiero saber más, no puedo saber más. Es dañino, está todo tan mal.

Con el creador muerto, la caída de los sombras era inminente. Sí, sí, inminente. Los caóticos y los guardianes gritando por una victoria con saber amargo, disfrutando del supuesto cause natural que tomarían las cosas. La guerra estaba por acabar, solo faltaba el Gran Juicio. O como los rumores llaman: La Caza. Las persecuciones, los juicios frente a ambos líderes asentados en Verdemar y observando la cabeza de Jökull Arnarsson en una pica entre ambos tronos.

'O te unes a nosotros o sigues los pasos de tu líder.'

Algunos temerosos aceptaron, otros pocos fueron mandados a ejecutar por él, por aquel futuro tirano que solo pensaba en acabar con aquello de una vez. Pero algunos Guardianes se revelaron contra las muertes injustas y otros menos ―como Constance y Blaz― salvaron a algunos pocos condenados a la ejecución a espaldas de lo que su líder había dictado. O al menos eso cuenta la leyenda, porque ahora no importa porque todos ellos están muertos. Todos, sin excepción.

Porque el mundo se dividió y vivieron por unos años una paz tan falsa como la alianza de los líderes. El trato era mínimo, lo que el otro hacía no importaba porque tenían que lidiar con sus propios problemas, con sus propias muertes y, en el caso de la Guardia, con sus propias revoluciones.

Oh, no. No, no, no. ¿Qué es lo que oigo, qué es lo que me dices, voz? ¡¡Calla, calla ya!! Me niego a escuchar más, me niego a oír cómo es la Guardia, siempre virtuosa, la que cae en desgracia. No. No me hagas repetirlo, no puedo hacerlo. El dolor es enorme al pensar en lo que ha de ocurrir, los Bothe no pueden con sus propias debilidades. Es un secreto a voces. Si Adolf Bothe nunca fue tras Constance Mathews fue porque sabía de propia fuente, qué es lo que ocurriría. En qué Gustave se convertiría.

Alistair. Siempre Alistair. Ocultó a los Príncipes de las Sombras, a los hijos sedientos de venganza de Arnarsson e hizo que cayeran en el olvido. Cuando estos regresaron en gloria y majestad, desataron la Tiranía. Oh, maldita Tiranía, descontrolada y poderosa. La muerte de la mujer de Gustave Bothe fue el mismísimo hecatombe. El comienzo del fin. No, no te escucho, voz, no quiero escucharte. Porque no quiero saber cómo el mundo cayó en manos de un Bothe perdido, no puedo ver el cómo nadie fue capaz de hacerle ver que estaba siguiendo el camino equivocado.

Una familia quebrada y mucho pero mucho poder anhelante. Ya nada era lo mismo, ya nadie podía esperar nada bueno de todo esto. La guerra latía en la oscuridad misma. Y fue Gustave, tres años después, el que dio el paso definitivo. Usó a Arlya Thornton, la encerró en una torre en Angel Falls. Llamó a Adolf Bothe y lo atacó cuando este intentó rescatarla. Porque los roles se habían volteado, porque ahora era Gustave el peligro inminente. Muerto, el Caos cayó en ese momento. Gustave se hizo con el Inframundo, con el Reino Terrenal y con el poder absoluto.

Tirano. Tirano, tirano, tirano.

Fueron años de control, de injusticias, de muertes innecesarias. Todo aquel que se rebelaba caída. Y aunque aquel grupo mixto de antiguos miembros de los bandos se le enfrentaban sin importar las consecuencias, realmente nunca dañaron aquel gobierno que creó ante los neutrales. Oh, no, no, pero ¿qué hizo? Se reveló ante aquellos sin poderes y los controló solo porque eran inferiores a él, manipuló sus mentes para que entregaran a los rebeldes y solo unos pocos se negaron a unírsele. Todos muertos, ¿entiendes? Todos muertos. Porque aquellos que podían hacerle frente se unieron a él, porque aquella familia que podría haber hecho tambalear su fuerza decidieron aceptar su trato.

De los Deveraux solo quedaron dos, los caóticos entrenados por el mismo Adolf Bothe. Ellos dos y sus familias, renegados por sus antepasados y deseosos de acabar con todo aquellos que los rodeaba. No tuvieron mejor suerte, ni los tuvieron tampoco los que fueron líderes de la rebelión. Ni los espías, ni los traidores. Los años pasaban y dejaba detrás un río de sangre y cadáveres en descomposición. Era el infierno mismo, uno que trataba de encubrirse diciendo que era lo mejor para el mundo, que al enemigo se le extermina, que en las guerras hay muertes.

Y cuando todo parecía ir hacia el inminente final de la rebelión, ocurrió lo impensado. Un guardián perdido en su propio dolor, decidió hacer lo correcto una vez más. Liberó a un rebelde atrapado en los calabozos de la Ciudadela, ayudó a una guardiana arrepentida a remediarse, dio la información a su propio hijo para que salvara a la pequeña esperanza y los cuatro, por separado, viajaron a aquel año en donde todo parecía ir bien, en donde las cosas aún no se habían truncado.

Oh, Tiranía, ¿cómo osaste hacer tanto daño? No, voz, no, ha sido mucho, mucho dolor y desesperación. He visto morir a todos, he visto como muchos han perdidos sus cabezas, sus esperanzas, sus ilusiones por una vida mejor. No, voz, calla, no te escucho. No te escucho. ¿Cuántos más habrán muerto desde que aquello ocurrió? Michael D'Aurèvilly está entre ellos, por supuesto, su traición no tiene perdón. Hatice Zümrüt, conocedora de sus propios pecados, le siguió.

Porque arrepentida de sus propias decisiones, en un último acto antes de ser apresada, dio tiempo a los viajeros a cumplir con su deber. Revivió a la rebelión caída y se llevó los anhelos de su antiguo líder de, por fin, tener un poco de paz. Y los cambios comenzaron a hacerse notar. Oh, Tiranía, ¿tu misma te diste cuenta cuándo el poder empezó a alejarse de tu elegido? ¿En qué momento este comenzó a caer en la miseria que todo tirano termina?

Comenzó como alucinaciones, luego ver a muchos de aquellos ejecutados entre los vivos, le siguió la desaparición de más de un aliado, del terror en los rasgos de sus generales. Todo parecía  derrumbarse sobre sus cabezas y él, Tirano como siempre, tomó una decisión. Viajó hasta América donde los Deveraux gobernaban sin control, buscó y exigió ver a Elric, porque solo Elric podría apoyarle en el poder que requería para cumplir una de sus últimas misiones. Oh, una conversación entre el pasado y el futuro, una que terminó por definir el presente que ahora tenemos.

Un viaje, una carta, el reencuentro con su humanidad. Fue solo un par de minutos, el sobre sobre el escritorio, un Gustave Bothe mucho más joven y sorprendido mirándolo desde la puerta. El fin, el fin está cerca. Lo sabe, yo lo sé.

Oh, Tiranía. Ya no te queda nada más por hacer. Las voces se escuchan altas y retumban en mi cabeza. Es doloroso vivir en carne propia el peso de la consciencia de un Gustave corrupto y sádico. Tan perdido como aquel que perdió a su mujer años atrás. Un guía, un último guía, la última enseñanza en aquel mundo destruido por la ambición y el poder. El joven sin edad se aparece frente a él, mientras la guerra la exterior reinicia. Al igual que las muertes, las injusticias y las ejecuciones. Una batalla campal llevándose a cabo sin la presencia del líder que inició todo eso.

'¿Qué hacer?' ―fue su pregunta. Arkarian lo mira con condescendencia, de la misma forma que lo observó cuando solo era un simple aprendiz―. 'Lo correcto' ―fue la respuesta―. 'Todos merecen segundas oportunidades.' ―le insiste ante sus dudas―. '¿Están allá? ¿Contigo?' ―El joven hombre asiente―. 'La gran mayoría, sí. Aún es tiempo de salvar a los que te quedan, Gustave, aún puedes hacer lo correcto'

Escuchad, oídme, vean lo imposible ocurrir. Escuchad, ingratos, escuchad. Las voces no mienten, los hilos no se equivocan. Lo imposible, la salvación, los recuerdos confusos de Gustave, el conocer a sus hijos, el ver el daño de la menor de ellos. El pasado influyendo en el futuro, el futuro desapareciendo ante los ojos de todos los guerreros. Los cambios, la oscuridad. Gustave saliendo de su claustro, mostrando esa pose orgullosa, la seguridad en su mirada. Y aquel guardián que le traicionó, ese que siguió las órdenes de Zümrüt atacó.

Acabó, oh, tiranía, al fin acabó. Los gritos a su alrededor no se hacer escuchar, los muertos levantándose, mientras es él el que cae. Ese presente oscuro y lleno de dolor difuminándose. Los viajeros lo han logrado, el cambio es inminente.

¡¡El tirano ha muerto!! ¡¡El Dictador ha caído!!
Gustave Bothe, finalmente, ha cedido."


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